Salah

Rudi García y Spalletti fueron, lógicamente, adaptando su libreto personal, pero ambos tuvieron, cada uno en una mitad del curso 2015/2016, en Miralem Pjanic un hombre que además de lanzar al espacio a Gervinho y, por supuesto, a un Salah que mantuvo la capacidad de ruptura, aunque no fuese en exclusiva, a un futbolista que aumentaba la estancia de su equipo en el ataque posicional. El bosnio, en ese momento, actuaba como interior derecho en un 4-3-3 en el que su gestión del carril interior derecho pasaba desde dar un apoyo a Keita o De Rossi en el primer pase, hasta recibir por delante de la línea de la pelota en campo rival. Salah, que ya prefería la banda derecha en esos ataques estáticos, siempre tenía cerca de uno de los grandes centrocampistas en términos de gestión de la pelota del panorama actual, lo que enriqueció su juego posicional.
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Quizás uno de sus problemas durante su estancia en Roma, más allá de que sus números no fueron en absoluto negativos -marcó 29 goles en 65 partidos de Serie A con la camiseta giallorossa- fue que aún debía evolucionar en cuanto a seguridad en sus remates. Ocurre en el fútbol italiano que, por cultura, el equipo grande encuentra muchos partidos en la temporada viéndose obligado a un ataque organizado bastante constante ante rivales con nueve o diez jugadores por detrás del balón, y probablemente eso redujo la efectividad anotadora del egipcio, que dividió sus disparos entre acciones de transición, donde encaraba portería y definía con más soltura, y golpeos con más opción de ser bloqueados, donde mostró una necesidad de evolucionar tanto en técnica como en toma de decisiones.
Indiscutiblemente, Salah se trataba de una de las grandes estrellas del fútbol italiano cuando el Liverpool decidió acometer su fichaje, pero en ningún caso podía esperarse el espectacular rendimiento que ha dejado bajo los mandos de Jürgen Klopp. No cabe duda de que el técnico alemán era el más propicio para explotar sus virtudes, y el fútbol inglés, un terreno en el que las transiciones rápidas y verticales están a la orden del día, un lugar perfecto para terminar de encontrar su madurez. Sin embargo, Salah está reventando récords -puede llegar a ser el futbolista que más tantos marque en una temporada de Premier League- de forma absolutamente sorprendente.
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Una de las ventajas indiscutibles para Salah es que su aterrizaje en el Liverpool se ha producido después de que Klopp haya tenido un margen de trabajo lo suficientemente amplio como para dar forma al equipo que él quería. El conjunto red es un bloque que se basa en dos conceptos claros e innegociables: presión y verticalidad. El escenario potenció a un Salah que de un plumazo se encontró con dos grandes noticias: le iban a dar la pelota al espacio, donde ningún defensa de la Premier League puede darle caza en carrera, y esos envíos, encima, iban a ser tras robos a gran altura, por lo que las situaciones de remate tras ese pase iban a ser si cabe más francas.

Salah

La llegada de Mohamed Salah al fútbol italiano en el invierno de 2015 supuso un golpe de efecto, primero, para la Fiorentina, el club que logró su cesión, y después, para la propia carrera del egipcio, que pasó de ser un descarte del Chelsea a mostrarse como un futbolista capaz de decidir partidos en la élite. El club londinense había acometido su fichaje justo doce meses antes, después de un enfrentamiento directo con el Basilea en el que el jugador egipcio llamó muchísimo la atención.
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Los únicos dos partidos que perdió el equipo de Jose Mourinho en esa fase de grupos de la Champions 2013/2014 fueron precisamente contra el cuadro suizo. Salah no se trataba de su jugador referencia, pero sus características encajaban de maravilla en el plan de juego del portugués, que con Willian, Oscar y Hazard lograba construir transiciones hacia el ataque muy veloces con un alto grado de precisión. De hecho, tras su llegada, Salah participó hasta en nueve partidos de una Premier League que finalmente se acabó llevando el Manchester City.
El gran ostracismo que vivió en el arranque del siguiente curso provocó que el Chelsea decidiera darle salida, y la forma en la que se llegó a un acuerdo con la Fiorentina fue aprovechar el nombre de Juan Guillermo Cuadrado para hacer una especie de intercambio. El colombiano venía siendo uno de los jugadores clave para Vincenzo Montella, y sin duda su pérdida iba a resultar un problema importante. La llegada de Salah, sin embargo, acabó resultando no sólo la solución, sino una forma de mejorar el rendimiento del equipo, ya que llegó un perfil que permitió matar dos pájaros de un tiro: sumaba un gol que no estaba al alcance del colombiano, y potenció la figura de un Joaquín que pasó a ser fundamental.
En una Fiorentina con Ilicic y Cuadrado teniendo un papel importante, el movimiento a los espacios pasaba por ser casi parte exclusiva de Mario Gómez. La llegada del egipcio no sólo ayudó en ese sentido, sino que la Fiorentina comenzó a intimidar a gran distancia de la meta rival. Eso, además, hizo que Joaquín comenzase a tocar más veces la pelota en la gestación de las jugadas, ya que uno de los extremos -o el segundo punta, papel que Salah hizo en ocasiones cuando Montella pasaba del 4-3-3 al 3-5-2- se alejaba de la pelota para terminar jugadas. El primer Salah que aterrizó en el Calcio era un diablo haciendo desmarques de ruptura, y eso le permitió dejar varias exhibiciones, quizás la más sonada el doblete que le hizo a la Juventus en la ida de las semifinales de Copa.
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La Fiorentina trató de mantenerle, pero la Roma, que jugaba Liga de Campeones, apostó por un fichaje que a la postre acabó resultando fundamental. El equipo capitalino jugaba Liga de Campeones, y el egipcio pasó a ser un jugador clave en los planes, primero, de Rudi García, y después, de Luciano Spalletti. En ambos casos comenzamos a descubrir un perfil de Salah que no había terminado de mostrarse en la Fiorentina: el de un futbolista con capacidad para dar continuidad en situaciones de ataque posicional. El tremendo juego interior de la Fiorentina –Joaquín, Badelj, Ilicic, David Pizarro- obligó a Montella a usar a Salah como lanza, pero en la Roma el escenario era diferente. El egipcio compartía delantera con Dzeko y sobre todo y más importante, con un Gervinho que pasaba a ser la profundidad por decreto.

Benzema

La temporada pasada, Karim promedió 2,6 remates, y la anterior, 3,3. La 2014/2015 hizo 2,25 por partido y la anterior, 2,3. Cifras que oscilan desde su fichaje por el Real Madrid, pero siempre manteniéndose por encima del registro de 1,93 de este curso. Llegados a este punto entra un factor de confianza que está pareciendo decisivo en el innegable bajón del galo, que ya recibió un cambio de mensaje proveniente de Zidane, siempre proteccionista, cuando en la previa al encuentro ante el Málaga dejó caer un “tiene que marcar”, quizás más enfocado a que buscase más finalizaciones y no a echar en cara el poco acierto en las que ha buscado. Comprar Camisetas de Futbol Baratas Para Hombre, Mujer y Niños de todos los clubs y Selecciones Nacionales
La pregunta es si, tan evidentes como son los malos números del delantero francés, ¿por qué a Zidane le cuesta tanto prescindir de él? El problema del remate, si fuese la única preocupación del técnico blanco, sería “muy fácil” de resolver. En la plantilla cuenta con dos de las mejores zurdas del mundo para disparar a portería, y es casi incuestionable que si Bale o Asensio fueran los que golpeasen a puerta cuando lo hace el francés, mejorarían de largo los números de Karim. Sin embargo, Zidane insiste con él en los partidos clave, y cuando no lo ha hecho, como esa vuelta ante la Juventus de Turín en el Bernabéu, al equipo le ha costado más mantener el control de la situación.
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La explicación es que Zidane está atado a la figura de Benzema, y es así por un tema de perfil exclusivo dentro de la plantilla. Además, las características del nueve blanco hacen que esas virtudes sean más necesarias en la Champions League, donde el caos es más reinante y, por lo general, los rivales y más en fases avanzadas, juegan de tú a tú. El técnico blanco, de hecho, ha encontrado en el plan Lucas – Asensio una fantástica variante tanto para atacar defensas cerradas, como para cambiar un partido, como para defender mejor los espacios en campo propio. Sin embargo es difícil encontrar la fórmula para que Casemiro e Isco, dos presencias individuales ganadoras en la Copa de Europa, ofrezcan además un control colectivo sin estar Benzema.
Hablando de la Champions, Benzema es el futbolista del Real Madrid que mejor junta al equipo en un partido de transiciones. En esta Copa de Europa, la gran prueba estuvo en el Parque de los Príncipes. Todo nace de un tipo de movilidad muy particular. Isco y Asensio son jugadores de balón, pero su forma de pedir el cuero es muy intervencionista si hablamos de los espacios. Sobre todo en el caso del malagueño, su primera intención será acercarse al esférico para dirigir la acción. En el caso de Benzema, en esas situaciones de espacios abiertos, domina un registro diferente. Él hace un movimiento más largo hacia ambas bandas, sujeta la pelota, y hace que el equipo se junte más arriba. Al final no deja de ser un delantero, y sus desmarques sin balón son más largos, a pesar de que su gestión del cuero sea la de un centrocampista.

Karim Benzema

La figura de Karim Benzema está siendo objeto del debate más feroz entre la hinchada del Real Madrid en los últimos tiempos. Su indiscutible bajón en la definición ha provocado que se critique de forma masiva la confianza que Zinedine Zidane ha mostrado en su compatriota, que sin embargo y salvo contadas excepciones, tiene claro que en su plan de juego su presencia, y más en los días clave, es innegociable. De hecho, su no alineación ante la Juventus en el Santiago Bernabéu quizás llamó menos la atención por el hecho de que el equipo blanco trajo un 0-3 de Turín. Tenemos todas las camisetas de tus equipos y selecciones favoritas para adulto y niño
El principal problema para el francés, evidentemente acrecentado durante este curso, es la falta de seguridad en el remate. Nunca ha sido el canterano del Olympique de Lyon un futbolista que haya enfocado su juego a terminar las acciones, pero las cifras de este curso están llamando la atención desde un prisma negativo. Unos números de los que, por cierto, se puede extraer un factor mental que es muy difícil de analizar, no por el hecho de que sus golpeos no estén siendo seguros -que no lo están siendo- sino porque lo está intentando en menos ocasiones.
Merece la pena ir a los números porque son llamativos. En liga, Benzema ha marcado 5 goles en 55 disparos a portería durante 27 partidos, con una media de acierto del 0,09. En Champions, ha rematado 11 veces, marcando 2 goles (0,18 de acierto). En cuanto a los intentos, Karim dispara 2,03 veces por partido en la liga, y 1,83 de media en la Liga de Campeones. Por comparar, Isco ha marcado 6 goles en 47 remates durante 28 encuentros de la liga española, y no ha anotado en 19 intentos durante 9 partidos de Champions. Es decir, prueba 1,67 veces por partido en liga y, llama la atención, 2,11 en la Liga de Campeones.Camisetas de fútbol de selecciones nacionales del Mundial 2018, no te pierdas!
Haciendo la media, Isco dispara entre las dos competiciones 1,89 veces por encuentro, mientras que Karim lo hace 1’93. El resumen es que un centrocampista a ojos de todos como el malagueño chuta prácticamente lo mismo que el hombre que lleva el nueve en la camiseta. Otra comparación llamativa es la que deja con Roberto Firmino, probablemente el jugador de la élite, en rol, más parecido a Benzema en la actualidad. El brasileño ha marcado 15 tantos en 78 disparos durante 34 encuentros de Premier League (0,19 de acierto y 2,29 remates por partido), mientras que en Champions ha anotado 10 en 36 remates en los 11 partidos que ha jugado (0,27 de acierto y 3,27 intentos por duelo). El 9 del Liverpool hace de media entre ambas competiciones 2,78 remates por encuentro. Casi un tiro más que el francés.
Es indiscutible que el ratio de acierto del francés es pobre, pero también que su predisposición a disparar ha bajado, y el argumento de hacer un trabajo sucio para Cristiano pierde un poco de sentido al descubrir cómo el portugués ha mantenido su capacidad goleadora durante el último lustro, con Benzema buscando más veces terminar la jugada